República I

Primeira parte da República tratando em em particular da justiça e da temperança.

REP I 354a-354c: Epílogo

Y, por otra parte, el que vive bien es feliz y dichoso, y el que vive mal, lo contrario.

¿Cómo no?

Y así, el justo es dichoso; y el injusto, desgraciado.

Sea dijo.

Por otro lado, no conviene ser desgraciado, sino dichoso.

¿Qué duda tiene?

Por tanto, bendito Trasímaco, jamás es la injusticia más provechosa que la justicia.

REP I 352d-353e: A noção de obra própria

Voy a examinarlo repliqué. Pero dime: ¿el caballo tiene a lo parecer una operación propia?

Sí.

¿Considerarías como operación propia del caballo o de otro ser cualquiera aquella que sólo, o de mejor manera que por otros, pudiera hacerse por él?

No entiendo dijo.

Sea esto: ¿puedes ver con otra cosa que con los ojos?

No de cierto.

¿O acaso oír con algo distinto de los oídos?

De ningún modo.

¿No podríamos, pues, decir que ésas son operaciones propias de ellos?

Bien de cierto.

REP I 350c-353e: A noção do justo

Y Trasímaco reconoció todo esto, pero no con la facilidad con que yo lo cuento, sino arrastrado y a duras penas, sudando a chorros, pues era verano. Y entonces vi lo qtie nunca había visto: cómo Trasímaco se ponía rojo. pero, cuando llegamos a la conclusión de que la justicia es virtud y discreción y la injusticia maldad a ignorancia, dije:

Bien, dejemos eso sentado. Decíamos también que la injusticia era fuerte; ¿no lo acuerdas, Trasímaco?

REP I 348b-350c: A noção do Justo: análise dialética

Vamos, pues, Trasímaco dije yo; volvamos a empezar y contéstame: ¿dices que la injusticia perfecta es más ventajosa que la perfecta justicia?

Lo afirmo de plano contestó y dichas quedan las razones.

Y dime: ¿cómo lo entiendes? ¿Llamas a una de esas dos cosas virtud y vicio a la otra?

¿Cómo no?

Así, pues, ¿llamas virtud a la justicia yvicio a la injusticia?

¡Buena consecuencia, querido exclamó, cuando digo que la injusticia da provecho yla justicia no!

¿Qué dices, pues?

Todo lo contrario repuso.

¿Que la justicia es vicio?

REP I 347a-348b: A atitude dos melhores homens diante do exercício do poder

¿Cómo se entiende, oh, Sócrates? dijo Glaucón. Reconozco lo de las dos recompensas, pero lo de ese castigo de que hablas y del que has hecho también mención como un modo de recompensa no lo comprendo.

¿No lo das cuenta acaso dije del premio propio de los mejores, por el que gobiernan los hombres de provecho cuando se prestan a gobernar? ¿O ignoras que la ambición y la codicia son tenidas por vergonzosas y lo son en realidad?

Lo sé dijo.

REP I 345b-347a: Retomada da discussão

Bien ves, Trasímaco -consideremos una vez más lo de antes-, que después de haber definido al verdadero médico no te creíste obligado a observar la misma precisión en lo que toca al verdadero pastor, sino que piensas que éste ceba sus ovejas en su calidad de pastor, no atendiendo a lo mejor para ellas, sino a manera de un glotón dispuesto al banquete, para su propio regalo o bien para venderlas como un negociante, no como tal pastor. Pero a la pastoría1

REP I 343d-345b: Elogio da injustiça

Hay que observar, candidísimo Sócrates, que al hombre justo le va peor en todas partes que al injusto. Primeramente, en las asociaciones mutuas, donde uno se junta con otro, nunca verás que, al disolverse la comunidad, el justo tenga más que el injusto, sino menos. Después, en la vida ciudadana, cuando hay algunas contribuciones, el justo con los mismos bienes contribuye más; el segundo, menos. y cuando hay que recibir, el primero sale sin nada; el segundo, con mucho.

REP I 336b-350c: Exposição e crítica da tese sofística: a justiça é o interesse do mais forte

Y entonces, Trasímaco -que varias veces, mientras nosotros conversábamos, había intentado tomar por su cuenta la discusión y había sido impedido en su propósito por los que estaban a su lado, deseosos de oírla hasta el final-, al hacer nosotros la pausa y decir yo aquello, no se contuvo ya, sino que, contrayéndose lo mismo que una fiera, se lanzó sobre nosotros como si fuera a hacemos pedazos. Tanto Polemarco como yo quedamos suspensos de miedo; y él, dando voces en medio de todos: -¿Qué garrulería -dijo- es ésta, oh, Sócrates, que os ha tomado hace rato?