daimon

gr. daímôn, daímon (ho), daimónion: presença ou entidade sobrenatural, em algum lugar entre um deus ( ) e um herói; espírito, "demônio". Latim: daemon, genius. Espírito puro que não tem status de deus, ou é considerado um deus inferior.

Taylor: athanaton

The Immortal = to athanaton. According to Plato, there are many orders of immortality, pervading from on high to the last of things; and the ultimate echo, as it were, of immortality, is seen in the perpetuity of the mundane wholes, which according to the doctrine of the Elean Guest in the Politicus, they participate from the Father of the universe. For both the being and the life of every body depend on another cause; but since body is not itself naturally adapted to connect, or adorn, or preserve itself.

Taylor: theion

THE Divine, to theion, is being subsisting in conjunction with The One. For all things except The One, viz. essence, life and intellect are considered by Plato as suspended from and secondary to the gods. For the gods do not subsist in, but prior to, these, which they also produce and connect, but are not characterized by these. In many places, however, Plato calls the participants, of the gods by the names of the gods. For not only the Athenian guest in the Laws, but also Socrates in the Phaedrus, calls a divine soul a god.

Bouillet: Traité 50 (III, 5) - DE L’AMOUR

(I) L’amour considéré comme passion de l’âme humaine est le désir de s’unir à un bel objet. On souhaite tantôt posséder la beauté pour elle-même, tantôt y joindre le plaisir de perpétuer l’espèce en produisant dans le monde sensible une image temporaire des essences éternelles du monde intelligible.

(II) L’amour considéré comme dieu est l’hypostase (l’acte substantiel) de Vénus Uranie, c’est-à-dire de l'Âme céleste. Il est et l’œil par lequel elle contemple Cronos (qui représente l’Intelligence divine), et la vision même qui en naît.

Empédocles: Amor

62. Uma hipótese recentemente ensaiada (Kahn, 1958, 1971) constitui o Amor no único traço de união entre o poema «físico» e o poema «catártico», com sentido intencionalmente posto em resolver a contradição entre a alma que, no primeiro, perece com o corpo, e a alma que, no segundo, e em conformidade com as doutrinas orfeo-pitagóricas, ou do chamado círculo xamanístico (cf. § 47), não depende das vicissitudes de que falam, por exemplo, o frgs.

Enéada III, 5, 6 — A natureza dos demônios

6- ¿Qué debemos decir, pues, de Eros y de su nacimiento? Está claro que hay que considerar quién es Penia y quién es Poros, y cómo convienen a Eros estos progenitores. Porque, naturalmente, tendrán que convenir también a los demás demonios, si los demonios, como tales, han de poseer una sola y única naturaleza y esencia, y no tan sólo una comunidad de nombre. Consideremos, por tanto, cómo distinguimos los dioses de los demonios, no cuando afirmamos, como muchas veces hacemos, que dioses y demonios son lo mismo, sino cuando atribuimos a ambos un linaje diferente.

Enéada III, 4, 6 — Destino das almas

6-¿Quién es entonces el sabio? El que actúa por su mejor parte. No sería verdaderamente un sabio si el demonio trabajase en colaboración con él. Es, pues, su inteligencia la que actúa. De ahí que el sabio sea ya un demonio, o bien actúe según un demonio que, para él, constituye un dios. Porque, ¿podría haber un demonio por encima de la inteligencia? Sin duda, ya que la realidad que está por encima de la inteligencia es para él un demonio. ¿Por qué, sin embargo, no dispone desde un principio de la sabiduría?

Enéada III, 4, 3 — O demônio que se é e o demônio que se tem

3-¿Cuál es, por tanto, el demonio que nos guía? Sin duda, un demonio de este mundo. ¿Y qué dios? ¿También un dios de este mundo? Porque es claro que se trata de una facultad activa que conduce a cada uno y le dirige aquí abajo. ¿Pero es ella realmente el demonio que nos ha tocado en suerte? En modo alguno, dado que el demonio es algo anterior a ella; algo que, sin actuar, se halla al frente de nuestra vida, pues sólo actúa verdaderamente la facultad que viene después. Supongamos que priva en nosotros la sensibilidad: nuestro demonio es, en tal caso, un principio razonable.