Marsilio Ficino (1433-1499)

Excertos do estudo preliminar de Rocío de la Villa Ardura de sua tradução do DE AMORE

Dentro de la amplia gama que ofrece el panorama cultural del Quattrocento, domi­nado por las preocupaciones éticas del hombre, del epicureismo al estoicismo, de la escolástica-tomista, verdadero enemigo del humanismo, al nuevo Aristóteles de las Éti­cas y los libros Económicos, la labor de Ficino adquiere una importancia capital al reavivar cuantitativa y cualitativamente la tradición platónica en la historia del pensamiento occidental. Por una parte, traduce las obras completas de Platón, hasta entonces parcialmente conocido, con tal fortuna que es esta versión del pensamiento platónico, puntualmente comentado por Ficino, la que se leerá hasta el siglo XVIII. Además, este mismo trabajo lo realiza con Plotino, y otros muchos autores de la amplia tradición platónica contemplada por Marsilio. Por otra, Ficino, a pesar de ser un ver­dadero humanista en muchos de sus rasgos —como la diversidad de sus intereses y ocupaciones, pues de él se puede decir que fue médico, astrólogo, religioso, conspira­dor, filósofo y músico, o el eclecticismo característico aún del humanismo diseminado además en los típicos géneros literarios renacentistas, como el pequeño tratado o el epistolario—, es sin embargo el único pensador de su tiempo que compone un sistema filo­sófico completo y original.

Basado en el intento de la síntesis de platonismo y cristianismo, el pensamiento fici­niano, que se desarrollará en los treinta años de su dirección de la Academia, será, como veremos, la formulación de una cosmovisión nueva que marcará profundamente las lí­neas generales del siglo XVI. He aquí la auténtica capacidad de un filósofo que puede captar las preocupaciones de una sociedad y señalar el comportamiento futuro de su sensibilidad.

En la Academia de Careggi se crea una forma de pensar y de sentir, de vivir, en suma. La selecta clientela de la Academia, en­carnando los principios del programa ficiniano, formó un foco de difusión e implanta­ción de una ideología que, sumada a las demagógicas acciones políticas de Lorenzo, va proyectándose en la ciudad florentina y, luego, en otros Estados italianos, pues en este tiempo son varias las repúblicas que mantienen el equilibrio social a instancias de un ambiente cortesano.

En el conjunto heterogéneo de la obra ficiniana hay que distinguir, de un lado, traducciones y, de otro, tratados; de un lado, trabajos más oficialistas, de acuerdo con la política cultural medicea o con su carrera de clérigo y, de otro, construcciones más personales. Con todo, no es un error afirmar la coherencia de su recorrido intelectual, que es orientado por una fortísima erudición. Recoge, casi con espíritu medieval, la autoridad indiscutida de una larga lista de pensadores que a su vez se encuentran enmarcados en la idea de tradición platónica, o en el concepto más extenso de pia philosophia: desde Orfeo y Hermes Trimegisto —al cual, como a otros autores, datará sin escrúpulos filológicos en fechas muy anteriores a las reales— a un Platón superior pero reconcilia­ble con Aristóteles, y una extraña cadena formada por su síntesis personal del pensamiento alejandrino e imperial de los siglos III y IV, añadiendo, por fin, el cristianismo de S. Agustín a Sto. Tomás. Con todo este material, Marsilio Ficino forma una nueva psicología, un nuevo ideal de vida, una nueva opción religiosa, una cosmología..., y todo ello traspasado por la dimensión estética.