Pensamento

Referência: 
Neoplatonismo

Estudos, interpretações e análises do pensamento de Plotino

Excertos de Guillermo Fraile, História da Filosofia

El plotinismo es el último gran esfuerzo de la filosofía griega para constituir un esquema racional de la realidad. En él se funden en un vasto sistema todos los elementos procedentes de la especulación anterior, especialmente el platonismo, el aristotelismo y el estoicismo, además de otros de procedencia oriental. Su originalidad no consiste en la materialidad de los elementos que lo integran, que todos o casi todos se hallan ya expresamente en los sistemas anteriores. Su noción del Ser, del Bien y del Uno tiene antecedentes en Parménides, en Platón (Parménides, Sofista, Filebo) y en Jenócrates. De Platón proviene su Dialéctica, en su doble aspecto, racional y sentimental (República, Fedro, Banquete). De Platón igualmente procede la distinción entre dos mundos, el sensible, sujeto al cambio y a la mutación, y el inteligible, eterno e inmutable. De Aristóteles toma la noción de acto y potencia, y la trascendencia absoluta de Dios, totalmente separado del mundo. En su Psicología y en su Moral se superponen conceptos platónicos, aristotélicos y estoicos. Su esquema fundamental de la realidad, constituida por entidades jerárquicamente escalonadas y procedentes unas de otras (el Uno, el Logos, el Alma del mundo, el mundo sensible) es corriente en el neopitagorismo (Moderato de Gades, Numenio de Apamea) y en el platonismo medio (Albino, Plutarco, Celso), así como en Filón y en los gnósticos.

No obstante, el plotinismo no es un mero sincretismo, sino una síntesis vigorosa, con carácter y espíritu propios, que le dan una nota de originalidad respecto de todos los sistemas anteriores. Esta nota, quizá más que en ninguna doctrina concreta, habrá que buscarla tal vez en la fuerza con que subraya por una parte la absoluta trascendencia del Uno, y por otra la estrecha dependencia en que coloca respecto de él a todos los seres inferiores de la jerarquía. El Uno es a la vez trascendente, en cuanto que está fuera y por encima de todos los demás seres, e inmanente en cuanto que todos dependen de él en su ser y en su actividad, y todos tienden a él como a su principio.

En Plotino se funden las dos tendencias que ya hemos visto en Platón. Por una parte una exigencia intelectualista que procede por deducciones lógicas rigurosas, y junto con ella un profundo impulso místico, que aspira a la identificación con el principio absoluto del Ser. Pero Plotino hace sufrir al platonismo una profunda transformación, convirtiéndolo en un panteísmo emanatista. En Platón el mundo de las Ideas era estático e inmutable desde toda la eternidad. Las Ideas no proceden unas de otras, sino que todas coexisten cada una dentro de su propio orden. Plotino, sobre el mundo de las Ideas, subraya la trascendencia del Uno, fuente primaria de todo ser, del cual proceden dinámicamente todas las cosas. El Ser es esencialmente vida, dinamismo y movimiento. No basta interpretar su doctrina como si ontológicamente el mundo inteligible fuese una unidad eterna, estática, permanente, y solamente dinámica en cuanto al modo de conocerla nuestro entendimiento. En Plotino la emanación es real, y todos los seres pertenecientes a la escala ontológica proceden realmente del Uno en cuanto a su ser. El Uno no es solamente causa ejemplar como en Platón, ni causa final motora como en Aristóteles, ni causa formal como en los estoicos, sino verdadera causa eficiente de todos los seres, aunque no por creación, sino por emanación.

En Plotino son mucho más estrechas que en Platón las relaciones entre el mundo inteligible y el sensible. El mundo sensible no se explica solamente por un simple capricho del Demiurgo, sino que es una exigencia de la Bondad difusiva del mismo Uno. La existencia de los seres múltiples y contingentes del mundo sensible reclama necesariamente la de un Ser Uno y necesario.

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